El cartero de Neruda, un canto a la cotidianidad - Antonio Skármeta

Que vuele o que se extienda da lo mismo! ¿Y sabes por qué?
Porque detrás de las palabras no hay nada. Son luces de bengala que se deshacen en el aire.
—Las palabras que me dijo Mario no se han deshecho en el aire. Las sé de memoria y me gusta pensar en ellas cuando trabajo.

Antonio Skármeta

Muchas veces he escuchado la frase “leer es un placer”, tanto así que la frasecilla se ha convertido en el slogan de los abanderados por ampliar el ejercicio de la lectura, quienes la repiten hasta dejarla hueca de sentido. Para mí esta frase cobra vida y sentido de nuevo  después de leer la novela Ardiente Paciencia o mejor conocida como el Cartero de Neruda.

Ese pequeño libro de letra grande y de capítulos cortos hace que se recorra con gusto esa isla sin agua potable y llena de analfabetos que gusta de manera profunda de la poesía. La obra de Antonio Skármeta hace que en los lectores se despierte de manera instantánea el placer por leer adormecido. 

Neruda dijo alguna vez “Son las palabras las que cantan, las que suben y bajan… Me prosterno ante ellas… Las amo tanto las palabras”,  y este mismo amor por las palabras lo profesa Antonio Skármeta, un amor que lo lleva a la búsqueda incansable por atrapar la palabra luminosa, aquella que comunique, esa palabra que pinte el mundo que lo circunda. Es el amor por las palabras lo que hace embarcar a Skármeta en un viaje por el mundo de la poesía en cuyo recorrido los lectores nos dejamos pintar la vida de verso.

En la obra del chileno, la poesía que reina en cada página no es la poesía de palabras rimbombantes, ni de metáforas inteligibles. La palabra que se desliza con sigilo hoja tras hoja en El cartero de Neruda es la poesía de la sencillez que surge de la cotidianidad, la poesía de metáforas inocentes que arranca suspiros y  sonrisas, la poesía que sirve para retratar de manera sutil su tiempo.

Para desmadejar los hilos que sustentan el tejido poético desarrollado por Skármeta, nos centraremos en tres elementos importantes como lo dice Juan Armado Epple: “Tres elementos potencialmente renovadores en la exploración del presente latinoamericano, y que en algunas obras fueron desarrollados con notable eficacia artística: la parodia de los géneros literarios y los códigos oficiales del lenguaje, la caracterización protagónica del estrato adolescente y juvenil de la sociedad, y la incorporación a la textualidad narrativa de la expresividad poética, como forma de decir”. Así pues, miraremos esos tres elementos característicos de la tendencia del post-boom y sobretodo presentes en la obra de Skármeta: la juventud, la poesía y el humor.

Juventud, divino tesoro

La juventud es un tema constante en la obra de Antonio Skármeta, vemos desfilar en algunos de sus cuentos y novelas la imagen recurrente del adolescente. El cartero de Neruda no es la excepción. Podemos decir que la obra es una novela aprendizaje o mejor llamada Bildungsroman, que nos muestra la iniciación, crecimiento y maduración de todos las esferas del ser: intelectual, emocional, sexual y política del personaje Mario Jiménez, un chico de 17 años, que sueña con ser galán de película.

Mario, odia el trabajo que la mayoría de los hombres en San Antonio realizan —ser pescador—, en el fondo su apatía por el oficio se debe al tener que despertar muy temprano abandonando así sus sueños poblados por las heroínas de la gran pantalla. Para esquivar su responsabilidad de acompañar al padre a las faenas en la mar, Mario inventa resfriados que en cierta medida lo ayudan a lograr su cometido: permanecer por un par de horas más en sus sueños. Dicha actitud de no querer seguir el legado paterno en el oficio de pescador es una clara muestra del afán de rebeldía que manifiestan los personajes juveniles, quienes desean forjar su propio destino y para ello desechan los patrones establecidos. De ahí que Mario no dude en aceptar el trabajo de cartero aunque sea mal remunerado:

Lo que no logró el océano Pacífico con su paciencia parecida a la eternidad, lo logró la escueta y  dulce oficina de correos de San Antonio: Mario Jiménez no solo se levantaba al alba, silbando y con una nariz fluida y atlética, sino que acometió con tal puntualidad su oficio, que el viejo Cosme le confió la llave del  local.

Es gracias a su nuevo trabajo que Mario logra abrir paso a su vida sexual, política y sobretodo intelectual,  resulta importante destacar este último aspecto, pues Skármeta en la obra recrea la imagen de un adolescente con el particular deseo de escribir, a esta imagen de joven, Alejandro López atinó en llamarla la imagen del “aprendiz de escritor”, porque es a partir del encuentro con Neruda que en Mario se despierta el deseo de ser poeta para alejarse del medio que lo envuelve y lo abruma y así poder decir lo que quiere:

—¡P’tas que me gustaría ser poeta!

—¡Hombre! En Chile todos son poetas. Es más original que sigas siendo cartero. Por lo menos caminas mucho y no engordas. En Chile todos los poetas somos guatones (…)

—Es que si fuera poeta podría decir lo que quiero.

—¿ Y qué es lo que quieres decir?

—Bueno, ése es justamente el problema. Que como no soy poeta, no puedo decirlo.

Este deseo por ser escritor, por ser creador, es lo que Soledad Bianchi ratifica como una constante en los personajes de Skàrmeta. Los protagonistas tienen un deseo por recrear el mundo en que viven, de ser libres, anhelan conocer y  manifiestan un profundo afán por gozar lo que los rodea,  de ahí su imperiosa necesidad de ser creadores como lo afirma Bianchi:

 “De distintas formas, todos son creadores, pero no solo en una situación precisa o en una actividad determinada ya que desbordándolas ellos son creadores porque intentan ser los constructores de sus vidas ya que se niegan aceptar que esta sea “como una pluma en el cabello se… hubiese depositado: así liviana o molesta”. Por esta razón quieren introducir la novedad en lo cotidiano al rebelarse a las convenciones y a la invariabilidad del mundo en que viven.

Es por este deseo de crear que se despierta las ganas del personaje de estar a la altura del “Gran poeta”, por eso compra con su primer sueldo la edición Losada de las Odas elementales, pero como sabemos él es un aprendiz de escritor, el personaje se está construyendo como poeta y a pesar de estar en contacto con el gran Neruda y escuchar sus palabras que recrean el mutismo del gato, el movimiento de la mar, la quietud de la ficha de ajedrez o el color de los vegetales, Mario no logra despertar en su ser la sensibilidad que le permita elaborar metáforas, concepto enseñado por Neruda, que el adolescente interpreta como la columna vertebral del poema y que para conseguirlas debe caminar y contemplar según lo indicado por su mentor:

ralmente las palabras del poeta, e hizo la ruta hasta la caleta o rlo.ud del gato,

Mario Jiménez tomó literalmente las palabras del poeta, e hizo la ruta hasta la caleta escrutando los vaivenes del océano. Aunque las  olas eran muchas, el día inmaculado, la arena muelle y la brisa leve, no prosperó ninguna metáfora. Todo lo que en el mar era elocuencia, en él era mudez. Una afonía tan enérgica, que hasta las piedras le parecieron parlanchinas en comparación.

 Si bien, Mario no puede construir metáforas por sí solo, en su deseo por experimentar ampliamente el mundo sexual, en su enamoramiento de la bella Beatriz González, que siempre usaba blusas dos tallas más pequeñas de lo exigido por sus exuberantes senos, lleva a Mario a incorporar en su lenguaje diario la poesía de Neruda como estrategia para enamorar. Así, pues, es a partir del deseo sexual que toma mayor fuerza su deseo por lo literario:

Cuando finalmente éste hubo memorizado una cuota generosa de versos del vate y se propuso administrarlos para seducir a Beatriz (…)  Con el corazón en la mandíbula, le habló. Al comienzo con vehemencia, pero luego, como si fuera una marioneta y Neruda su ventrílocuo, logró una fluidez que permitió a las imágenes tramarse con tal encanto, que la charla, o mejor dicho el recital, duro hasta que la oscuridad fue perfecta.

A medida que trascurre la historia vemos cómo Mario va tomando cierto prestigio y su imagen va creciendo en el pueblo, debido a ciertas acciones que realiza: habla en la hostería con el gran poeta, carga en la parrilla de su bicicleta los volúmenes de la poesía de Neruda y de tarde en tarde se le ve sentado a orillas del mar anotando en su agenda lo que la gente piensan son versos, pero en la realidad son círculos y triángulos que evidenciaban su nulidad para construir metáforas.

Esta sumada de detalles en una tierra de analfabetos son la clave para edificar la imagen de poeta en Mario, eso sí, serlo. “Bastaron pocas horas para que corriera la voz en la caleta, que ausente Pablo Neruda de isla Negra, el cartero Mario Jiménez se empeñaba en heredar su cetro”. Sin duda, hay algo que Mario logra al contacto con Neruda y es avivar su capacidad de recepción, si bien el joven no puede crear en un principio y no logra construirse como un buen poeta; Mario, sí logra hacer que la palabra poética lo habite y por medio de ella pueda recrear su mundo. Al lado de Neruda es que Mario toma parte activa de la ideología política de su tiempo.

A lo largo del texto asistimos al crecimiento de Mario, con la ayuda de las metáforas que plagia a Neruda logra consolidar su amor con Beatriz e indaga en el mundo sexual narrado de forma directa “—¡Que con las metáforas, pues don Pablo, el cartero tiene a mi hija más caliente que una termita!”.

Con la conquista sexual se  alcanza la madurez que trae consigo el ser esposo y padre, vemos cómo estos nuevos roles desplazan sus sueños de viajar a Francia para seguir los pasos de Neruda y sus horas se ven ocupadas en la cocina de la hostería para ganar dinero, en sus carreras con Pablo Neftalí Jiménez González al médico para  curarlo de las heridas dejadas por sus travesuras. Mientras de fondo se nos muestra el momento de agite político que vive Chile y cómo Mario da sus primeros pasos para participa de forma activa en las concentraciones socialistas.

Sin duda, la novela nos muestra de manera contundente el desarrollo de Mario, quien explora, sueña e incorpora la poesía a su vida, la poesía  que le da estatus y a su vez es la misma poesía que lo conduce a la muerte.

 La novela El cartero de Neruda, traza un paralelo entre Mario y  la política de Chile, porque vemos cómo nos presentan una Chile políticamente convulsa que inicia con un sueño de democracia, sueño que se gesta con alegría, pero que al final llega a un ocaso cruel la democracia. Mario representa la  juventud soñadora, pero también Mario es símbolo de los sueños irrumpidos, de la esperanza desaparecida.

La poesía: un camino posible para narrar la vida – El cartero de Neruda

Uno de los grandes aciertos que tiene la novela “El cartero de Neruda” es la construcción de un lenguaje poético. Mientras se avanza en las páginas, los lectores deseamos vociferar las líneas para atrapar las palabras y extasiarnos con ellas. Nicanor Parra decía que la prosa es un arte visual, en cambio la poesía es un estupefaciente del oído. Skármeta, ha reconciliado estos dos conceptos distintos según Parra, logrando que la prosa se vista de verso para embelesar el oído.

Ariel Dorfman afirma sobre la escritura del chileno lo siguiente: “Toda la obra de Skármeta ha sido una búsqueda de renovación del lenguaje, intentando refrescarlo, desabrocharlo, desnudarlo, volverlo a vestir como para una boda”.  En el cartero es una gran fiesta de la palabra donde el plato principal es la metáfora, que llega al vuelo para llenar el apetito voraz de los lectores ávidos por apreciar las nuevas forma escriturales donde lo banal se enaltece y lo cotidiano se reivindica.

Porque no hay duda que la generación de Skármeta buscó alejarse desde todo punto de esa gran literatura forjada por el Boom de mitos fundacionales, de sistemas alegóricos, de complejidad estructural para lograr una novela total, de personajes excepcionales. El recurso de la poesía, más que un asunto por embellecer el lenguaje fue una determinación por liberarse de las responsabilidades estructurales impuestas, así lo expresa Skármeta:

Las intuiciones de la lírica y su afanoso trabajo con el lenguaje, dada más precisa cuenta de la riqueza del mundo y nuestra experiencia en él.  Esa  era la clave en la luminosa sencillez de los poetas líricos (…) El empleo de los recursos líricos liberaba de las responsabilidades estructurales del relato con su complejo acción-fábula-personaje.

Así pues, la poesía está en todas partes… es algo que anda por las calles. Que se mueve, que pasa a nuestro lado lo decía Federico García Lorca y dicha idea la comparte Antonio Skármeta, en El cartero de Neruda. En la novela todo lo puebla la poesía: el paisaje se dibuja con metáforas, los diálogos poéticos les salen como pájaros de la boca a los personajes de Mario, don Cosme, doña Rosa de Gonzáles, Beatriz hasta don José Jiménez, el padre de Mario, se dejan seducir por el juego de la metáfora.

La poesía está en la cocina que se deja penetrar por el colorido dado por las odas al ajo, al tomate, la cebolla y la alcachofa, poemas con los cuales Mario olvida que el ajo es ajo y se convierte en un marfil precioso o las cebollas en rosas de agua. El verso vive latente en las cartas o en los fragmentos de poemas que desfilan con afán porque son ellos los que completan las ideas de los personajes.

La novela presenta a mi modo de ver tres enfoque de la poesía: El primero, la poesía como vehículo para cantar a lo cotidiano, para enaltecer los estados emocionales sencillos y comunes, el estar pensativos o nervioso, enojado o la burla, la amistad. La poesía revitaliza lo que podría ser un diálogo banal:

—Hace una semana que no pego los ojos. Los pescadores me dicen “el búho”.

—Y dentro de otra semana te van a poner ese chaleco de madera llamado cariñosamente ataúd. Mario Jiménez, esta conversación es más larga que tren de carga. Hasta luego.

El segundo enfoque, la poesía de amor pasional, que hace gala en las frases que Mario  emplea en sus intentos de conquista a Beatriz. Esta poesía hace una exaltación del cuerpo femenino, del erotismo, habla sobre la inocencia del primer amor, la idealización de la pareja. Es esta poesía amatoria es la que pone a Mario en el ojo del huracán, pues desata la furia de doña Rosa, ya que el erotismo está latente en la mayoría de los poemas que Mario toma prestado de  Neruda y dedica a Beatriz:

“Desnuda eres tan simple como una de tus manos,

Lisa, terrestre, mínima, redonda, transparente,

Tienes líneas de luna, caminos de manzana,

Desnuda eres delgada como el trigo desnudo.

Desnuda eres azul como la noche en Cuba,

Tienes enredaderas y estrellas en el pelo,

Desnuda eres enorme y amarilla

Como el verano en una iglesia de oro.

Estrujando el texto con repulsa, lo sepultó de vuelta en el delantal, y concluyó:

—¡Es decir, señor Neruda, que el cartero ha visto a mi hija en pelotas!

Por último, la poesía con carácter de denuncia social. Esta poesía camina más de la mano de Neruda, quien la muestra cómo un medio para estar del lado de los olvidados, de los pobres. Esta poesía de denuncia, no tiene un fin panfletario, pero sí busca no ser un mero adorno, sino un vehículo que denuncie los golpes de la opresión, que toma partido  por quienes luchan exigiendo justicia, una poesía que aviva la llama de la reivindicación social. De ahí que Mario, cuando don Cosme lo invita a un acto político-cultural, el cartero atine a recitar la Oda al viento de Neruda.

La expresión imperante de esta poesía es el discurso pronunciado por Neruda cuando recibe el Premio Nobel, este discurso televisado fue visto por pescadores, sindicalista y en general la clase obrera, y en sus palabras el poeta convoca a la resistencia, a la lucha:

Hace hoy cien años exactos, un pobre y espléndido poeta, el más atroz de los desesperados, escribió esta profecía: A l’aurore, armés d’une ardente patience, nous entrerons aux splendides Villes. “Al amanecer, armados de una ardiente paciencia, entraremos a las espléndidas ciudades”. Yo creo en esa profecía de Rimbaud, el vidente. Yo vengo de una oscura provincia, de un país separado de los otros por la tajante geografía.

Fui el más abandonado de los poetas y mi poesía fue regional, dolorosa y lluviosa. Pero tuve siempre la confianza en el hombre. No perdí jamás la esperanza. Por eso he llegado hasta aquí con mi poesía y mi bandera. En conclusión, debo decir a los hombres de buena voluntad, a los trabajadores, a los poetas que el entero porvenir fue expresado en esa frase de Rimbaud: sólo con una ardiente paciencia conquistaremos la espléndida ciudad que dará luz, justicia y dignidad a todos los hombres. Así la poesía no habrá cantado en vano.

La poesía entre el chiste y la risa – El cartero de Neruda

Es de gran mérito que en una obra como “El cartero de Neruda”, que termina con la muerte de Neruda, la figura emblemática, y la desaparición de Mario Jiménez, el muchacho que hemos visto crecer, enamorarse, el personaje noble que sonríe al escuchar un posdata, no cause llanto. Una novela que nos muestra la desintegración social de una Chile dividida por ideologías políticas, no esté marcada por la tristeza. La tristeza no es una emoción que invada a los lectores en el transcurso de las páginas y todo gracias a la versatilidad de  Skármeta para apelar a la risa cuando el asunto se viste de seriedad.

Frente al asunto del humor Alejandro López nos dice: “Son muchos los procedimientos a través de los cuales se introduce la risa en la obra. Y estos incluyen el gag, entendido como el humor de situación; o el juego de palabras, que implica la redefinición de los términos; o la anotación burlesca, realizada desde la voz del narrador; la incorporación de refranero.”

Miremos cómo funciona el asunto de las anotaciones burlescas: resulta una situación cargada de emotividad el momento en que Neruda desde París envía una carta y un paquete a Mario, quien lleva meses sin saber nada del Poeta. En el instante en que Mario va abrir la carta la situación pierde solemnidad y se ve pintada de risa cuando doña Rosa le pide que abra primero el paquete, debido a la negativa de Mario, quien la acusa de materialista. Doña Rosa debe respetar el ritual de la lectura de la epístola, lo verdaderamente gracioso del hecho es que la suegra no aguanta la lectura lenta del texto y arrebata la carta y empieza a leerla rápido porque la suegra esgrime la frase “la velocidad es independiente de lo que significan las cosas”, pero ahí no termina la risa. Al finalizar la lectura de la carta Mario queda a la espera de esa cosa llamada P.D. y trae a colación las enseñanzas de su escuela sobre la escritura de una carta. La situación termina cuando la suegra encuentra en el fondo de la caja una tarjeta que se dispone a leer, pero esta es la respuesta que le ofrece  Mario (ha de notarse que la gracia no solo proviene de los personajes sino de las acotaciones que hace el narrador):

—¡Ah, no señora! Usted lee demasiado rápido. Puso la tarjeta unos centímetros delante, como si calzara en un atril, y fue leyendo con su tradicional estilo silábico: “Que-ri-do- Ma-ri-o dos pun-tos a-pri-e-ta- el bo-tón del me-di-o.”

—Usted se demoró más en leer la tarjeta, que yo leer la carta —simuló un bostezo la viuda.

—Es que usted no lee las palabras, sino que se las traga, señora. Las palabras hay que saborearlas.

Como este episodio se encuentran muchos en la novela donde narrador y personaje se funden para borrar cualquier atisbo de tristeza, para generar momentos cómicos donde aflora la sonrisa.

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Written by Avellaneda Flórez
¡Hola¡ Soy Avellaneda Flórez, licenciada en literatura de la Universidad del Valle. Soy, una mujer que se dedicó a la literatura como oficio, pues soy docente de lengua castellana. Busco trabajar con la literatura no solo en las aulas de clase sino en espacios poco convencionales como parques, ancianatos, plazas de mercado, la ruta de un bus.